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    01 de Abril de 2021 - Por Raimundo García Huidobro

Meditación sobre texto de Miqueas

Existe un texto muy sencillo de la Biblia, pero de gran sentido, que relata el momento en que el profeta Miqueas - al igual que cada uno de nosotros - fuera enviado a cumplir una misión que se le encomendaba.  Quien le envía le dice: “Te diré hombre lo que es bueno, lo que el Señor espera de tí; sólo, practica la justicia, ama con ternura y camina humildemente junto a tu Dios” Estas pocas palabras constituyen y encierran una sabiduría que puede iluminar toda nuestra vida y guiar nuestro crecimiento en la fe en cada etapa de nuestra vida: la primera, en la juventud, cuando reconociendo nuestro entorno, queremos luchar por algo que de sentido a nuestras vidas; la segunda, durante nuestra vida adulta, cuando descubrimos la necesidad de establecer relaciones estables con los demás y, la tercera, ya con lo ya vivido, sentimos nuestras fragilidades y soledad, aceptamos nuestra necesidad de paz y de ser queridos.  

Sabiduría es saber vivir, descubriendo y valorando cada parte dentro del todo, a cada persona por lo que es y puede llegar a ser.  Es la búsqueda, aceptación y compromiso con la verdad: reconocerla, decidirse y comprometerse a luchar por ella.  Pero no se trata sólo de un esfuerzo voluntarioso; para practicar la justicia el primer requisito será: tener siempre los ojos limpios para mirar la realidad sin prejuicios y con amor, con la decisión y el esfuerzo para comprenderla cada vez mejor y una gran voluntad para luchar por lo que uno considera mejor para todos, y particularmente para los más débiles.

Cada cual tiene sus cualidades, a veces escondidas o que no han podido desarrollarse.  Son diversas y pequeñas, milagrosas semillas que irán mostrando su potencial a lo largo de la vida. Estas se deben cultivar y, si se ponen al servicio de los otros, hacen que toda la vida empiece a tener sentido.  Por lo que practicar la justicia es una invitación a comprometerse, donde toque vivir, a construir un mundo mejor, de verdaderos hermanos, será aprender a ver con los ojos de Dios creador que permite reconocer en alguien por quien vale la pena estar dispuesto a luchar para que pueda vivir plenamente.

La segunda cualidad básica que se señala en el texto, para aprender a vivir según la sabiduría de Dios, es la apertura y cercanía del corazón, para aprender a sentir con el otro; esto es  amar sin medida y buscar siempre el bien del otro, con ternura.  La apertura del corazón conduce a la libertad para amar, y dinamiza los mejores sentimientos de cada uno. Este tema es una veta inagotable, un llamado donde siempre se descubre algo nuevo.  Significa entrega al otro y también aceptación de las limitaciones propias con misericordia y cariño consigo mismo, aceptación del propio error y perdón al ajeno.  Aprender a amar permite vivir con sentido.

La tercera gran cualidad, y que es indispensable para desarrollar las dos anteriores, es la experiencia de Dios, la entrega confiada en quien, con su amor, nos permite vivir con libertad.  Ese caminar humildemente junto a tu Dios es resultado de la experiencia personal de vida, es el hijo que teniéndolo todo, ha salido a buscar su camino fuera de la casa del Padre, sin darse aún cuenta de lo que perdía.  Todos hemos vivido esas experiencias, pero sólo la fuerza del espíritu nos puede ayudar a reconocer nuestro error y a descubrir las maravillas que tiene entregarse a Dios para cumplir su voluntad.  Me parece que esto es lo más lento y profundo en la vida cristiana: requiere de silencio, sencillez y espíritu de pobreza; pero nos trae alegría, libertad interior, generosidad y paz.  Es a eso a lo que estamos invitados

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