RSCJ Chile
Religiosas del Sagrado Corazón de Jesús
Inicio > Vínculo Jóven: RSCJ Jóvenes > Testimonios
Testimonios
Semana de la misericordia: "Misericordia como la manifestación de la ternura de Dios ante la miseria humana".

Dentro del proceso de interiorización de la vocación en el Noviciado, es tradición que la Novicia se prepare para la Fiesta del Sagrado Corazón (23 de Junio), con una experiencia de cercanía a la realidad más herida de nuestro entorno. Antes era conocida como Semana del dolor, pero ahora la hemos llamado Semana de la misericordia. Y yo, viví esta experiencia en un Hogar de niñ@s con daños neurológicos severos dirigido por las Misioneras de la Caridad, Congregación creada por Santa Teresa de Calcuta. En dicha Institución son atendidos niños y niñas que en su mayoría han sido abandonados por sus padres por haber nacido con grandes discapacidades  físicas y mentales.  Lo que presento a continuación son mis reflexiones posteriores al regalo de esta experiencia.

Aún cuando jamás en mi vida hubiera querido ver, sentir y entrar en relación con la realidad que me encontré en el Hogar Alegría y Paz (Misioneras de la caridad), no puedo evitar emocionarme al recordar aquellos rostros, deseosos de Amor, aquella fragilidad abandonada, despreciada; realidad poco agradable a la vista, al tacto, al olfato. Realidad que no es noticia, que no llama la atención, que es en definitiva "indeseable".

Al llegar, esa bienvenida con un grito poco explicable para "mi capacidad mental" denotaba la alegría o la sorpresa de las niñas más grandes que están por lo general en la sala de recepción, a la llegada de una extraña/o. Mi primer pensamiento, ya de cara a ellas: una oración de súplica que me fortaleciera trayendo al corazón situaciones en las que he podido relacionarme con lo más frágil, lo más doloroso, lo indeseable a los ojos, -"no temas"- supongo que fue la respuesta del Señor, porque de verdad tenía miedo, incluso de mi integridad física. Vinieron en segundos junto con las niñas que se acercaban a mi, todas mis desconfianzas frente al ser humano, pero también todo mi deseo de dar algo que he aprendido a hacer: "acoger". Al comienzo sólo gestos míos torpes, algunos sin respuesta, pero que me permitieron entrar en ese espacio sagrado que el Señor me invitaba a conocer.

Lo que siguió es indecible ¿cómo explicar el amor?. El amor que hiere, que traspasa, amor que quiere darse, amor que se hace mutuo, que es paciente, obstinado y tierno. Amor que florecía y estremecía cada fibra de mi frágil humanidad. Yo no escogí ir a ese lugar y quizás nunca hubiera pensado siquiera en un lugar así para un apostolado, pero aprendí tanto del amor, de mi amor, del amor de estos niños y niñas, del Amor de Dios, en fin, de la Comunión de Amor.

Puedo imaginar a Jesús diciendo a su Padre: ¡Tiene casi siempre miedo Abbá!. Durante aquella semana recé con esta frase imaginando a Jesús mirarme con compasión, porque…¡Cuántas veces dudé! ¡En cuántos momentos di espacio a mis temores! ¡Cuántas veces no tuve fe!.

Al término del primer día, en el camino de regreso a casa lloré larga y silenciosamente mientras la noche me envolvía, el día había sido agotador, sobre todo por la incertidumbre en cada instante de lo que vendría; el Señor fue generoso y ante cada titubeo mío frente a lo que tenía que hacer o decir me acompañó en el rostro de muchas personas como por ejemplo en los postulantes capuchinos que también hacían un voluntariado o a través de las tías que trabajaban allí y, por supuesto, también en las caritas sonrientes de los niñ@s ante el cariño que poco a poco me fui atreviendo a darles.

De vuelta en casa, la Comunidad (del Noviciado) acogía agradecida todo lo que yo pudiera compartir, pero era tanto lo experimentado en mi corazón y que sólo yo percibía, que me remitía a contar una que otra anécdota y los modos distintos de ser feliz allí, entre tanta miseria.

Pero cada día regresar al Hogar Alegría y Paz era para mí un desafío, era dar espacio a mis miedos, a lo que posiblemente me pedirían hacer y que para mí sería difícil, incluso, temerosa de la novedad que Dios mismo me iba pidiendo descubrir y a la que no me sentía preparada para acoger.  En resumen falta de fe porque lo contrario a la fe, no es no tenerla, lo contrario a no tener fe es tener miedo.

Quizás podría quedarme en el miedo y la repugnancia que experimenté en muchos momentos; pero sin duda en ellos, en mi mayor fragilidad que quedó al descubierto, quedó de manifiesto la fortaleza de Dios, su mirada compasiva y entonces, como no llamarle semana de la misericordia, si en muchos momentos podía unirme a las entrañas de Dios conmoviéndose por tanto dolor, tanta soledad, tanta falta de Amor.

Si defino la misericordia como la manifestación de la ternura de Dios ante la miseria humana, puedo decir que esta experiencia me puso de cara también a mis miserias y a la enorme invitación de mi Padre Madre Dios a mirarme también con la misericordia que El me ve y una vez más me quedo sin palabras para explicar, en silencio, sólo acojo la maravilla que ésto significa para mi.

Bernardita Zambrano Chávez
Novicia del Sagrado Corazón


Volver a RSCJ Jóvenes


Religiosas del Sagrado Corazón. Av. Rancagua 0314, Providencia, Santiago, Chile. Fonos: (56 2) 223 8879,  (56 2) 269 5833. Email:equipocomunicaciones@rscj.cl
Diseño Web - Posicionamiento Web