¡ ATRÉVETE A AMAR !
Enrique Quispe
Antofagasta
La parroquia San pablo, específicamente la pastoral juvenil, organizó una jornada para todos los jóvenes de la Parroquia además de los jóvenes de las Capillas San Eugenio, P. Hurtado y Santísimo Sacramento. Que consistía en formar dos grupos uno conformado con niños entre los 14 a 16 años quienes irían al Hogar de Ancianos Desamparados, a llevarles un poco de entretención, conversar, caminar con ellos o sólo acompañarlos un poco, etc; y el otro de 17 años y más irían al Hogar de Don Orione donde se encuentran guaguas, niños, adolescentes con algún problema neurológico abandonados y además abuelitos que también están abandonados, a llevarles entretención, ayudar a lavarlos, darle la comida ,sacarlos a pasear etc.
Una semana antes nos juntamos todos los jóvenes en la Capilla P. Hurtado para saber mejor de que se trataría esta jornada, nos explicaron y formaron los grupos.
Mientras que yo, cuando supe de esta actividad, no pensé nada y cuando vi mi nombre en el papelógrafo del grupo que visitaría a Don Orione se me formó una pregunta ¿a dónde voy?.Ya que, en ese momento jóvenes de mi grupo contaban sus propias experiencias de algún familiar que había ido a dicho hogar.
Luego de una semana de espera llegó el gran día, ya esa noche de sábado y la mañana del domingo fueron muy frías y sentía un silencio a mi alrededor, que sólo mi pensamiento me hablaba y que me pedía tranquilidad.
El día domingo nos juntamos todos los jóvenes en la Capilla Santísimo Sacramento; cantamos y oramos mientras que yo no sabía que me pasaba interiormente... exteriormente no reaccionaba a nada ¡sentía miedo! Miedo por que no sabía a donde iba, sólo sabía que era un hogar donde acogen abuelitos, niños con algún deficit neurológico.
Cuando entré al hogar una de las hermanas de Don Orione nos dio la bienvenida y nos mostró las dependencias, mi caminar era lento y trataba de estar lo más atrás posible, me estaba escondiendo de una realidad que estaba presente y que no quería ver, pasaban los minutos y una chica del grupo me dio una tarea, que tenía que barrer el comedor y otro chico me dice que necesitaban ayuda para levantar a los niños. Y es ahí donde reaccioné un poco, y me dije; ¿estoy yo para realizar cosas superficiales y no involucrarme un poco en el hogar,"sentirme parte de él"?, saqué valor y decidí ir a ayudar.
A levantar a los jóvenes, entre bromas traté de motivar a mis amigos del grupo ya que los veía igual o un poco más asombrados de la realidad que estábamos viviendo. Y este fue el momento que me llenó, que desperté ya que hace unos minutos atrás me sentía tan desvalido, sin manos para ayudar, sin voz como poder decir algo adecuado, como mirar sin que se sintiesen mal, y perder o mejor dicho enterrar la palabra de decir “no" o "no puedo".
Levantamos a un joven y lo llevamos al baño para lavarlo, le cambiamos ropa, lo peinamos, lo perfumamos, conversamos con ellos, también con los abuelitos, les dimos de comer, les realizamos un show y jugamos. Y cada cosa que realizaba me recordaba al Papa J.Pablo II y al Padre Hurtado, sentía en mi interior y detrás de mí que estaban ellos empujándome y dandome energía; era tanto que me faltaban manos y piernas para poder ayuda y realizar más cosas. Luego participamos de la Misa del hogar, ¡fue tan bonita!, llena de angelitos y angelitas, con mucha paz, un silencio que se sentía, y veía como todos ellos le colocaban atención a la Misa; no sé como explicarlo si se veía o se sentía la presencia del Señor dándole sus medicamentos a través de su Palabra.
Al caer la tarde me sentía contento y a la vez me realizaba un auto análisis, cada momento de esta experiencia, las dudas y las preguntas que me hacía se iban respondiendo solas, el miedo se transformaba en fortaleza, el caminar y recorrer cada rincón del hogar, lo sentía como si estuviera en mi casa. Entonces, cerré los ojos y me dije "Gracias Señor por lo que me has mostrado en este día".
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