Mirando el horizonte…

Publicado el 06 de noviembre de 2017    |   Por Queny Gredig Contreras rscj, Comunidad Marta y María - Antofagasta    | Desde el corazón

Mirando el horizonte…

 

El mes de noviembre, es tiempo para celebrar en la Sociedad del Sagrado Corazón, este año, el 21 de noviembre volveremos a traer a nuestro corazón el recuerdo de nuestras primeras hermanas, en la Capilla de la calle Touraine, Francia.  Hace 217 años, cuatro mujeres, soñaron como manifestar el Amor del Corazón de Jesús, y paso a paso fueron creando comunidad y dando forma a una nueva forma de vida apostólica, que respondiera a los tiempos que vivía Francia.

El 19 de Noviembre, celebramos a Santa Rosa Filipina Duchesne, y este año, iniciamos la celebración de los 200 años de su llegada a Estados Unidos.  Ella desde joven soñó con el anunciar el Amor del Corazón de Jesús en las “nuevas tierras”.

Su experiencia de abandono y confianza en Dios, es testimonio que inspira nuestra entrega como religiosa del Sagrado Corazón.

Ella guardo en su corazón el deseo de ir a tierras extranjeras, mientras buscaba responder como ser discípula de Jesús, en ese camino, tuvo que soltar, primero la familia,luego las rejas de su convento de la Visitación.  Ella fue perseverante, insistió e insistió con su amiga y compañera, Magdalena Sofía, con salir a “América”, supo esperar el momento oportuno, para ponerse a los pies de Magdalena Sofía, y pedirle la bendición para ir a las misiones. Y se embarcó en el “Rebecca”,

Este cuadro, Filipina Duchesne,  mirando el horizonte, en oración, y las constituciones de la Congregación, nos acompañó en el Capítulo General, mientras un grupo de mujeres soñabamos el cómo desplegar la vida en medio de un mundo que clama por una vida más justa y digna; nos sabemos un grupo de mujeres movidas por el Amor, queriendo afirmar los pies descalzos sobre la tierra, mujeres queriendo reconocer las llamadas que nos movilicen a salir a los espacios y lugares donde se encuentran los preferidos del Corazón de Dios y ahí desplegar nuestra vida, en unión y conformidad con el Corazón de Jesús.

Durante este año como Provincia de Chile, nos hemos sentado, como un solo cuerpo a mirar los horizontes, quienes son hoy, aquí en nuestra patria, los preferidos del Corazón de Dios y hemos fijado la mirada en: los migrantes, las mujeres, los jóvenes y la Justicia, Paz y Cuidado de la Creación… las preguntas son:

¿Qué claman de nosotras estos horizontes?
¿Qué tenemos que soltar, como lo hizo Filipina, para embarcarnos en el Rebecca de hoy?

Filipina se sabía depositaria de un deseo que Dios había puesto en su corazón, el de proclamar su Amor, para eso, lo dejo TODO, y su única seguridad fue arriesgarlo todo y dejo ser a Dios su TODO; esa confianza, provenía de su centralidad en Jesús, lo que la llevaba a elegir lo que está en las fronteras, lo que la sociedad deja a un lado, los que no son bien mirados, los que sufren la injusticia, los que están en el centro del Corazón de Dios.  Ella los reconoció en los indios potawotomies, en las niñas de raza negra, en las personas más pobres de su ciudad… Cruzó las fronteras para anunciar la compasión y  el amor de Dios, la fe y educación a las nuevas tierras, ya amadas por Dios.  Ahí sin hablar el inglés, fueron sus gestos de ternura, de sencillez, de perseverancia, su oración los que tocaron el corazón de quienes le rodearon.

A nosotras nos toca hoy, teniendo nuestros horizontes: migrantes, las mujeres, los jóvenes y la Justicia, Paz y Cuidado de la Creación, buscar cual será el lenguaje con el que descubriremos y mostraremos el Amor incondicional por cada una de las personas con las que compartimos la vida y con ellos y ellas ser en la tierra el Corazón de Dios.

Como nos dice la oración del Bicentenario de Filipina:

Bendice ahora nuestro mundo siempre nuevo

con el espíritu valiente y magnánimo de Filipina.

Infúndenos su deseo de cruzar fronteras,

sobre todo, las más alejadas de la caricia de la esperanza.

Renueva el espíritu misionero de toda la Iglesia,

y danos el celo de Filipina para derramar tu ternura y tu amor

hasta en los confines de la tierra

 

“Cultivamos un campo muy pequeño para Cristo.  Pero nos encanta, sabiendo que Dios no requiere grandes logros, sino un corazón que no detiene nada para sí mismo.” Santa Rosa Filipina Duchesne rscj

 

 

 

 

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